Comenzaste a trabajar en el teatro a los 10 años. ¿Cómo recuerdas esos primeros pasos?
Yo era una niña muy tímida, de esas que los maestros adoran. Sacaba puros dieces y nunca abría la boca. Pero un año, una de las maestras decidió que teníamos que hacer informes de lectura orales en lugar de escritos. Y estuve frente a la clase durante tres días, y no me salía ni una palabra. Mi madre decidió que ningún hijo suyo iba a estar tan incapacitado, así que nos inscribió a mi hermana y a mí en clases de teatro. A mi hermana le encantaba. Cada sábado se emocionaba por ir, y yo me metía al baño a vomitar (risas). Estaba aterrada. Pero al final del año, un sábado por la mañana, mi madre estaba leyendo el diario y dijo: "Ah, la Junior Players Guild está haciendo audiciones". Y la Junior Players Guild era un teatro infantil muy bueno en Dallas y hacía producciones excelentes.
¿Fueron a audicionar?
Fuimos y nos sentamos al fondo del auditorio todo el día, esperando y mirando a otros chicos hacer pequeñas improvisaciones. Y, bueno, uno está ahí sentado pensando: "Yo podría hacerlo mejor que eso, pero no voy a bajar ahí" (risas). Pero finalmente, mi madre dijo que ya casi era hora de terminar. Y mi hermana dijo: "Quiero audicionar". Entonces supe que, si no bajaba y lo hacía, mi madre me iba a estar retando todo el camino de vuelta a casa. Así que audicionamos, y un señor muy amable nos dio pequeños papeles a las dos. Y, para ser sincera, si no me hubieran dado alguna cosita esa primera vez, no sé si habría tenido el valor de volver. Pero siempre digo que hoy tengo una carrera porque mi miedo al escenario solo era superado por mi miedo a mi madre (risas).
¿Qué sientes que te dejó esa experiencia?
Bueno, que esa es la diferencia que un adulto puede hacer en la vida de un chico: darte esa oportunidad, ese pequeño impulso de confianza, diciéndote: "Creo que puedes hacer esto que tú mismo piensas que no puedes hacer". Significa mucho cuando eres chico. Significa mucho en cualquier momento, pero cuando eres chico, realmente significa mucho.
En 1967 hiciste tu primera película, que fue Bonnie y Clyde, como doble. ¿Qué escenas requerían que reemplazaras a Faye Dunaway?
Ay, Dios. Un montón. Cada vez que está lo suficientemente lejos, o está en silueta, o es la parte de atrás de una cabeza, probablemente soy yo. Hay una escena que provocó una gran risa en el cine, y es cuando están escapando de uno de los robos bancarios. Y, desde atrás, están filmando mientras se acercan a un camión lleno de gallinas y casi lo chocan. Si miras a la chica, es la parte de atrás de mi cabeza. Y puedes ver que mi cabello es de un tono diferente de rubio y más largo que el de Faye. Pero no estás mirándome a mí. Estás mirando a las gallinas (risas).
Avanzando en el tiempo, en 1978 originaste el papel de Jenna Wade en un episodio de la aclamada serie Dallas. En ese momento, ¿hubo alguna conversación sobre expandir tu personaje y hacerte parte del elenco regular?
En ese momento, no. La serie ni siquiera había salido al aire cuando la filmamos, así que nadie sabía que sería un éxito tan grande. Más tarde, me pidieron que volviera después de que Flamingo Road fue cancelada. Pero, en ese momento, yo tenía un acuerdo de desarrollo con un socio, donde habría sido productora de mi propio programa, así que lo rechacé. Pero, por supuesto, si hubiera sabido que iba a durar tanto, quizá lo habría aceptado.
Considerando el éxito que el papel tuvo después con la interpretación de Priscilla Presley, ¿alguna vez te encontraste reflexionando sobre lo que podría haber sido si hubieras seguido interpretándolo?
No, no lo hago. Sabes, si te ganas la vida como yo lo hago, como actriz, no te sirve de nada sentarte a mirar atrás y decir "¿qué habría pasado si...?". Eso simplemente te consume. Pero, en ese caso, tomé una decisión basada en que tenía un socio con quien estaba escribiendo un guión. Estábamos haciendo un piloto que yo iba a protagonizar, pero en el que también sería productora, así que habría sido dueña de mi propio programa. No resultó, pero yo no lo sabía en ese momento. Además, tienes que considerar que, generalmente, en Estados Unidos, la vida útil de un programa es de unos siete años, y Dallas ya estaba acercándose a ese tiempo, creo. Entonces te preguntas: "¿Cuánto más va a seguir este programa al aire?". Pero, ¿quién lo iba a saber? (risas)
Tu memorable papel en Flamingo Road reunía todos los rasgos de un sex symbol, una etiqueta que se ha asociado contigo incontables veces a lo largo de los años. ¿Te sientes cómoda con esa descripción o sientes que te encasilla en cierto estereotipo?
Bueno, hay cierto encasillamiento, pero, si vas a ser símbolo de algo, más vale ser un símbolo sexual. Es mejor que algunas otras cosas que se me ocurren. Pero sí, en algunos aspectos, interpretar a las chicas glamorosas me limitó porque la gente no te ve haciendo otras cosas, aunque, como actriz que creció en el teatro, yo me veo en muchas otras facetas. Por ejemplo, de chica quería ser médica o paleontóloga, pero no creo que me hayan considerado para Jurassic Park (risas). Además, vengo de una familia con muchos abogados, pero cuando me eligieron como una en Falcon Crest, me pusieron sentada sobre el escritorio de mi cliente preguntándole si quería café. Yo dije: "Eso no es lo que hacen". Tuve que defender los derechos de las mujeres y evitar que mostraran a los abogados como idiotas.
¿Hay alguna anécdota que recuerdes del rodaje de Flamingo Road?
Bueno, una anécdota que recuerdo muy bien es que, después de hacer la película piloto de dos horas, estábamos filmando el primer episodio, donde mi esposo, Mark Harmon, y yo éramos secuestrados en el mar. Luego nos ponen en un bote y nos dejan a la deriva en el océano. Realmente estábamos filmando en el Océano Pacífico —eso fue antes de que todo se hiciera con CGI—. El helicóptero estaba encima filmándonos, y el bote tenía una filtración. Yo estaba sacando el agua, y Harmon estaba acostado porque se suponía que le habían disparado. Y le dije: "Mark, ¡saca el agua!". Él dice: "No, estoy herido". Yo le dije: "Te vas a ahogar si no sacas el agua, cariño. Saca el agua, porque nos estamos hundiendo". (risas)
¿Cómo salieron de esa situación?
Yo estaba haciéndole señas al helicóptero, diciendo que realmente estábamos en problemas, como: "Por favor, vengan a buscarnos". Finalmente, bajaron una de esas escaleras de cuerda y nos dejaron subir para ponernos a salvo. Pero la verdad es que empecé a preocuparme porque estábamos muy lejos de la costa. Un poco aterrador en la tierra de los tiburones blancos. No quieres estar hundiéndote.
