Cultura
6 de abril de 2026
Guido Blanco

Entrevista con Bonnie Bartlett

Una conversación que abarca las soap operas, St. Elsewhere, Marilyn Monroe, la maternidad, La familia Ingalls, su matrimonio con William Daniels, y su autobiografía, Middle of the Rainbow.

Entrevista con Bonnie Bartlett

A fines de la década de 1940 y principios de la de 1950, asististe a Northwestern University, donde te graduaste en 1951. Fue también allí donde conociste a tu futuro esposo, William Daniels. ¿Fue amor a primera vista o la conexión creció con el tiempo?


No, fue bastante rápido. Quiero decir, se sintió lento porque, ya sabes, era lo normal. Pero fue —diría yo— casi eso. No amor a primera vista; tal vez amor a segunda vista (risas). Trabajamos juntos en una obra, y en ese ensayo fue cuando él me dijo por primera vez: "¿Quieres salir a tomar una taza de café?" Y ahí empezó todo. Luego hice un papel muy importante en Northwestern University y gané el premio de actuación, lo cual fue muy especial porque estaba en mi primer año. Para entonces ya estábamos enganchados, realmente enganchados. Y él fue muy servicial conmigo, y yo me volví muy servicial con él, porque no sabía cómo estudiar ni cosas así. No había tenido educación formal.


¿Es cierto que Paul Lynde también fue uno de tus compañeros de clase?


Él estaba en el último año cuando nosotros éramos de primer año. De hecho, fui a una fiesta en su fraternidad antes de conocer a Bill. De todos modos, era famoso por ser muy gracioso y muy bueno.


Al comienzo de tu carrera te cruzaste con Marilyn Monroe mientras ambas estudiaban con Lee Strasberg. ¿Cuál fue tu impresión de ella en ese momento?


Era una mujer muy agradable. Me caía muy bien. Trabajaba duro y prestaba mucha atención. Realmente quería ser una actriz que pudiera hacer mucho más de lo que estaba haciendo. Pero era difícil, porque era tan buena en lo que hacía, ¿sabes? Lee y ella pensaban que podía avanzar y hacer todo tipo de otras cosas. Nunca resultó, pero él fue definitivamente su mentor —una figura paterna, todo eso. Cuando ella murió, le dejó todo a él.

¿Te sorprendió la noticia de su trágica muerte en 1962, o sentiste que era algo que podría pasar?


No, no me sorprendió. Solo me dio mucha, mucha pena. Pensé que no tenía que pasar. Quiero decir, ella tenía un muy buen terapeuta allá en Santa Mónica, y pensé que estaba bien, pero obviamente no lo estaba. No, creo que se quitó la vida por accidente. Por accidente.


Volviendo a Lee Strasberg, ¿cómo fue tu experiencia con él?


Fue buena y mala. Era extremadamente perspicaz: podía darse cuenta muy fácilmente de cuáles eran tus problemas como actor. Pero a veces podía ser cruel y duro. Era un hombre frío, muy frío.


Por esa época, a fines de la década de 1950, tuviste un papel recurrente como Vanessa Dale en la soap opera Love of Life, reemplazando a la actriz Peggy McCay. ¿Puedes contar cómo conseguiste ese papel?


Conseguí ese trabajo después de muchísimas audiciones, porque querían a alguien mucho más conocido. Pero el director realmente me quería a mí. Así que simplemente audicioné y audicioné y audicioné, y luego conseguí el papel. Estuve allí durante tres años y medio. Fue una muy buena experiencia de aprendizaje, no una gran experiencia actoral, pero sí un muy buen aprendizaje. En esos años, las soap operas se hacían en vivo, antes de que existieran las grabaciones y esas cosas. Si puedes hacer soap operas y hacerlas en vivo como lo hacíamos nosotros, amigo, puedes hacer cualquier cosa (risas). Era mucho trabajo todos los días.

¿Por qué decidiste dejar Love of Life?


No quería hacer eso. Quería intentar conseguir algo mejor. Realmente quería trabajar en el teatro. Quiero decir, hice televisión y cosas así, pero hice mucho teatro y estaba muy feliz haciéndolo. Un poco más tarde hice una obra muy buena que escribió Lanford Wilson, llamada Lemon Sky, con Christopher Walken y Charles Durning. Recibió excelentes críticas. Me encantaba hacer teatro, debo decir, pero era difícil—mucho más difícil.


Aunque fue una oportunidad importante al inicio de tu carrera, has hablado sobre haber sido abusada sexualmente por un actor que formaba parte de ese show. ¿Cómo fue el proceso de sanación para ti?


Él no era mi coprotagonista principal, pero era un actor que estuvo en el show de manera regular durante bastante tiempo. Yo tuve un padre abusivo, así que esta fue la siguiente cosa mala. Realmente te deja con una mala sensación sobre ti misma. Pero tuve una buena terapia que me ayudó. En ese momento, no podía expresar mi odio; no podía expresar mi enojo lo suficiente. Quiero decir, podría haberlo matado, y eso tampoco habría sido bueno. No—definitivamente no—pero eso es lo que uno siente ganas de hacer.


¿Por qué no has revelado su nombre?


Bueno, no quería lastimar a ninguno de sus familiares vivos—quiero decir, a alguien con quien estuvo involucrado o algo así. No quería hacerlo. Se lo he contado a algunas personas; mucha gente sabe quién es, pero no quería publicarlo.

Cambiando a algo más ameno, una experiencia que has descrito con alegría y gratitud es tu tiempo en La familia Ingalls a mediados y fines de los años 70. ¿Es cierto que Michael Landon te eligió personalmente?


Sí, simplemente estaba en una audición general, y él me contrató ese mismo día para este papel. Resultó que era perfecta para el rol que se venía, y eso fue todo—lo conseguí así de simple. Era una persona encantadora en el set. Realmente era el jefe en todos los sentidos: era el escritor, era la estrella, era el director. Y trabajaba conmigo un poco como director. No lo hacía muy seguido, pero si yo decía que creía que algo debería ser diferente, me respetaba lo suficiente para escucharme y trabajar conmigo, y eso estaba bueno.


¿Qué hay de tu relación con Victor French, tu esposo en pantalla?


Teníamos muy buena química porque él era divertido, bromista, jugaba mucho, sabes, le gustaba simplemente divertirse, y eso era muy entretenido. Pero luego Victor dejó el show, y si él dejaba el show, yo también me iba. Hizo el papel principal en una pequeña comedia que no funcionó, así que todo eso se vino abajo. Para cuando volvió a La familia Ingalls, yo estaba trabajando en St. Elsewhere, creo. Estaba consiguiendo mucho trabajo. Y Michael no pagaba muy bien—era barato—así que conseguí otros trabajos en los que ganaba mucho más.


Entre 1982 y 1988, tal como mencionaste, protagonizaste St. Elsewhere, un drama médico en el que también interpretaste a la esposa de tu marido en la vida real. ¿Hubo alguna escena o línea narrativa de esos años que todavía resuene contigo hoy?


Hubo una historia de divorcio que me encantó porque, verás, era muy real. Estas cosas suceden, y me encanta interpretar a alguien así: alguien que simplemente ya no soporta más un matrimonio difícil y que dice, sabes, "voy a hacer algo por mí misma". Tom Fontana era el principal guionista de ese show, y era simplemente magnífico—hermosamente escrito. Y teníamos un productor excelente, Bruce Paltrow, ya sabes, el padre de Gwyneth. Era muy agradable. Quiero decir, no todos éramos cálidos y afectuosos. No, no, para nada. Teníamos un gran actor en el show que era un alcohólico problemático, y eso era difícil. Pero en general fue un buen programa, y contaba con Bill para trabajar conmigo.

¿Cómo recuerdas esa gloriosa noche de 1986 cuando ambos hicieron historia al ganar los premios Emmy simultáneamente?


Para mí fue muy emocionante. A Bill no le importaba. Pero cuando digo que no le importaba, quiero decir que él es todo negocio y cree que los premios solo existen para promover el negocio y que en realidad no son precisos. Él decía: "No existe eso de ser el mejor. Hay buen trabajo, pero no hay un mejor." Así que él es diferente. Pero para mí, por supuesto, fue muy emocionante porque no había tenido ese tipo de reconocimiento antes. Bueno, lo tuve cuando era niña y cuando estaba en Northwestern University, pero no lo había tenido en la industria. Ya sabes, las soap operas no se consideran de primer nivel.


Solo un año después de que comenzaras a actuar en St. Elsewhere, se estrenó la exitosa miniserie V. ¿Cómo llegó a vos el rol de Lynn Bernstein?


Simplemente me eligieron. Quiero decir, no tuve que hacer audición ni nada. Fue un programa maravilloso. Tuvo algunos problemas: Dominique Dunne, una chica muy joven que era una de las protagonistas, fue asesinada la primera semana que empezamos, y eso fue horrible. Pero mi papel era simplemente un muy buen rol actoral; no tenía mucho que ver con la ciencia ficción. Sabes, una madre judía traicionada por su hijo. Y el tema es tan duro, tan cruel, que se representa por sí solo.


Tuviste un papel memorable como invitada interpretando a Barbara Thorndyke en Los años dorados en 1988. ¿Cómo fue trabajar junto a mujeres protagonistas tan fuertes?


Bueno, yo conocía a Bea Arthur y Rue McClanahan de Nueva York. No conocía a Betty White. A Bea la conocía muy bien, así que fue de gran ayuda en el set. Estaba nerviosa porque todas eran tan buenas y tan graciosas. Y yo no me consideraba muy graciosa. De todos modos, funcionó. Y me sorprendió que se convirtiera en uno de los programas favoritos, porque Barbara Thorndyke se volvió la mujer a la que todos querían odiar, ¿sabes? Recibí muchas críticas por eso. Y como dice mi marido: "No quieres interpretar a una antisemita. No quieres hacer eso." El público me abucheó, y esa fue la única vez que me abuchearon. No sé, no sentí en absoluto que fuera tan malvada. Pero vaya que lo notaron. Y fui mala con ellas, siempre con una sonrisa, pero muy mala. Y al público no le gustó nada.

Ese mismo año, interpretaste un papel protagónico en la película Gemelos junto a Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito. ¿Alguna vez imaginaste que se convertiría en un éxito de taquilla y en un clásico de su época?


No tenía la más mínima idea. No pensé que fuera un guión tan bueno. Disfruté hacerlo y disfruté mucho trabajar con el director, Ivan Reitman, porque fue maravilloso conmigo. Pero no pensé que fuera algo tan especial, no. Y ni siquiera sabía quién era Arnold Schwarzenegger. Pero es un gran tipo. Es un hombre inteligente, súper inteligente, y lo respeto bastante. No como actor, sino como ser humano (risas). Y Danny, bueno, él es Danny, ¿qué puedo decir? Es maravilloso y simplemente juegas con él. Eso es todo; todo es como un juego.


Viniendo de un fuerte trasfondo dramático, ¿cómo fue para vos filmar una comedia de situación como Mejorando la casa en los años 90, interpretando a la madre del personaje de Tim Allen?


Bueno, cuando tengo que hacer comedia, me pongo nerviosa porque los productores quieren esas risas. Pero Tim Allen fue maravilloso conmigo, y decía: "Sólo hazlo" durante la filmación. Y yo decía: "No puedo hacer eso." Pero luego simplemente lo hacía, conseguíamos grandes risas, y él decía: "Ahora, ¿no fue divertido? ¿No se sintió bien?" Y aprendí a relajarme un poco y a trabajar con ellos. Patricia Richardson, que interpretaba a su esposa, también fue maravillosa conmigo. Así que hacer una sitcom fue como una experiencia de aprendizaje para mí, y aprendí a estar en el nivel adecuado. Sabes, no es que hagas nada diferente, pero vas a un nivel distinto. No es tan serio; simplemente no es tan serio.


¿Puedes contar cómo ha sido para ti y tu marido equilibrar su matrimonio mientras construían sus carreras actorales lado a lado en la misma industria?


Simplemente sucedió. Logramos hacerlo. Quiero decir, estamos hechos el uno para el otro. Podíamos perdonarnos si nos desviábamos o si estábamos enojados o algo así, sabes. Una vez que llegamos a California, el matrimonio fue mucho más fácil. Teníamos dos hijos, y Bill podía estar con ellos en lugar de estar todo el tiempo en el teatro. Sabes, podía llevarlos a la escuela. Podía hacer barbacoas—se volvió un cocinero maravilloso. Y estábamos juntos todo el tiempo. Y eso es lo que funciona: hay que estar juntos.

Teniendo en cuenta que han estado juntos durante 74 años, uno podría imaginar que hubo altibajos. De hecho, tu autobiografía refleja cómo, al principio de la relación, tuvieron un matrimonio abierto, lo cual terminó siendo muy doloroso para ambos. ¿Qué los llevó a tomar esa decisión en ese momento?


Nunca tomamos una decisión. Simplemente vivimos. Nos casamos porque, en ese momento, había que casarse para poder vivir juntos. Así que, ya sabes, todo giraba en torno al sexo, ¿verdad? Y nos encantaba estar juntos. Nos encantaba ayudarnos mutuamente. Pero, quiero decir, nunca tuvimos límites. Nunca hablamos de eso, nunca lo discutimos—nada. Y todo simplemente evolucionó. Todo simplemente siguió su curso. Y sí, por supuesto, uno se siente profundamente herido—profundamente herido por cualquier cosa que parezca seria. Hubo momentos en que fue muy complicado. Pero mudarnos a California realmente resolvió todo el problema porque estábamos juntos. Estamos bien cuando estamos juntos. Tuvimos que venir aquí porque simplemente no podíamos vivir así.


¿Puedes profundizar en eso?


Tenía dos hijos, y ya no quería eso. Yo llamo a eso madurar. Pero, ya sabes—sin decisiones, sin planes. Nunca tuvimos planes de ningún tipo. Nunca dijimos: "Esto va a ser así". Realmente no teníamos control sobre lo que pasaba. Pero hemos tenido suerte de haberlo logrado juntos porque nos gustamos, nos gusta estar el uno con el otro—eso es todo, ¿sabes?: vivir con alguien con quien te gusta vivir todos los días.


¿Es así cómo describirías esta etapa de tu relación hoy en día?


Tenemos 96 y 99 años. Es muy diferente cuando eres tan mayor. Definitivamente dependemos mucho el uno del otro—muy dependientes. Sabes, a esa edad necesitas del otro. Absolutamente, totalmente. De hecho, es difícil encontrar tiempo para hacer algo que quieras hacer por tu cuenta, porque tienes que estar con él todo el tiempo, asegurándote de que esté bien. No tener tiempo para hacer mis propias cosas es un problema. Siempre lo ha sido.

¿Cuál es una cosa en la que son diferentes el uno del otro?


Somos malos viajeros juntos. Yo viajo muy bien con otras personas—ya sabes, otras mujeres o alguien más. Él es el peor viajero conmigo. Decía cosas como: "¿Por qué no hablan inglés?" Yo le decía: "Billy, estamos en Francia." Y él me respondía: "Bueno, deberían hablar mi idioma" (risas). Quiero decir, esto fue hace mucho tiempo. Pero, ya sabes, él era como el típico hombre estadounidense que va a un país extranjero y espera tener todo lo que tenía en casa. Es uno de esos tipos graciosos. Yo soy mucho más abierta a cosas nuevas.


Después de experimentar la pérdida de un bebé, decidiste adoptar a tus dos hijos, Michael y Robert. Mirando hacia atrás, ¿qué dirías que fue lo más valioso que la maternidad te enseñó?


El amor. Quiero decir, no hay nada como eso. Para mí, haber perdido un bebé realmente me hizo querer criar. Y dije: "Tengo que tener un bebé para criarlo. Tengo que hacer eso." Así que adopté a dos. Tuve un médico maravilloso que los encontró para mí, y son dos hijos absolutamente increíbles.


¿Cómo es tu relación con ellos hoy en día?


Michael vive cerca, y hace tanto por nosotros—no podríamos manejarnos tan bien en nuestra propia casa si no fuera porque Michael puede ayudarnos. Rob está lejos, pero son buenos amigos. Todos trabajamos un poco juntos. Tenemos una tienda en línea, billandbonniedaniels.com, y uno de mis hijos, Rob, vende todo: fotos, libros y otras cosas. Como tenemos tantos fans allá afuera y todos quieren cosas nuestras, esta es una manera maravillosa de hacérselas llegar. También hacemos convenciones de vez en cuando, y salimos a conocer a toda la gente, lo cual me encanta. Y es genial porque te mantiene activo, te mantiene con vida, te da algo por lo que levantarte. Ellos nos quieren, y nosotros queremos darles lo que quieren. Así es como lo veo.

¿Qué te inspiró a escribir tu autobiografía, Middle of the Rainbow, y a compartir tus historias personales?


Creo que siempre quise hacerlo—toda mi vida. Pero esperé. Primero que nada, Bill escribió un libro, y me alegró que lo hiciera. Un par de años después, tuve un amigo muy bueno que me animó y me ayudó a escribir. Él dijo: "Escribe todo, y luego lo editaremos." Y eso fue lo que hice. Él dijo: "Ponlo todo por escrito. Es importante." Tuve muchos, muchos años de terapia, y diría que eso ha guiado mi vida. Así que quería escribir sobre eso. Para ese momento, todas las personas a las que podía lastimar ya habían muerto—ya sabes, padres, hermanos. Todas las cosas que podría haber dicho que no eran agradables sobre ellos ya no importaban porque se habían ido.


Tu crédito más reciente en televisión fueron dos episodios de la aclamada serie Better Call Saul. ¿Cómo fue tu experiencia trabajando en ese programa?


Bueno, todo ese grupo—el director y Bob Odenkirk—tenían su propia forma de trabajar. Y era diferente a la de cualquier otra persona, ¿sabes? Creo que realmente querían que te metieras en la experiencia. Y por eso lo hicieron de esa manera. En otras palabras, si fuera, por ejemplo, la protagonista, y tuviera una escena en la que esperarías que actuara de cierta manera en otra serie, no querían que hiciera nada de eso. Solo querían que viviera la escena de manera natural. Eso fue realmente interesante. Bob había sido comediante de stand-up, pero no quería que te rieras de él. Se aseguraba de no hacer nada que provocara risa. Pero era muy bueno.


¿Te consideras una actriz activa en la industria?


No, no estoy retirada, pero tampoco estoy realmente trabajando. No quieren contratar a alguien de mi edad. Pero estoy abierta a trabajar si alguien me llama, por supuesto—solo si puedo hacerlo. Hubo una cosa que no me ofrecieron, pero me consideraron para ella. Ella tenía que correr escaleras arriba y hacer mucho ruido, y yo dije: "Realmente no puedo hacer eso." En ese momento, no podía. Ahora sí puedo, porque tengo las piernas fuertes. Pero si no puedo hacerlo físicamente, no puedo aceptar algo y decepcionarlos.

Aparte de los proyectos profesionales, ¿qué esperas para el futuro?


Quiero vivir lo suficiente para sacar a ese maldito hombre de nuestra Casa Blanca. Estoy absolutamente horrorizada por la crueldad y la falta de empatía hacia la gente. Lo conocí en Nueva York hace mucho tiempo. Siempre fue un tonto de joven, y nos reíamos de él. Y sí—¿quién se está riendo ahora? ¿Quién hubiera imaginado que este país podría haber elegido a este hombre? Y luego mete a todos estos imbéciles. No puedo no hablar de esto porque es tan feo. Es tan doloroso. ¿Por qué no un poco de amabilidad aquí? No creo en matar gente. No creo en aniquilar a un montón de personas. Simplemente no creo en eso. Y pienso que las personas que están a cargo—Netanyahu, Trump y todos ellos—creo que son malvados, y nacen malvados. Son hombres sádicos. No solo es triste, sino que es peligroso.


¿Hay un mensaje final que quieras darle a mis lectores?


Estén atentos a lo que está pasando y sean buenos ciudadanos. Sepan lo que están haciendo y no sigan al líder, ¿saben? Sigan pensando. Sigan observando. Sigan prestando atención. Sigan aprendiendo. Y tal vez todas las protestas que estamos haciendo en este país sirvan para algo. Sé que también han sido maravillosas en otros países. Sigan educándose. Las jóvenes que veo y con las que hablo son mucho más avanzadas que yo, y espero que eso continúe.

Etiquetas:
actriz
bonnie bartlett
emmy
la familia ingalls
los años dorados
mellizos
series
st elsewhere
tv
william daniels